jueves, 24 de septiembre de 2015

"Party Colonisation of the Media in Central and Eastern Europe", de Péter Bajomi-Lázár.

El desplome de la Unión Soviética y la desaparición de los regímenes socialistas en Europa Oriental, fue reemplazado por un paisaje con varias democracias liberales en esa región. El autor explora cómo ha sido la relación de los gobiernos con los medios de comunicación tras la desaparición de las leyes y mecanismos de censura, así como de la privatización de la prensa. Se centra en cinco países: Hungría, Polonia, Estonia, Bulgaria y Rumania. 
Péter Bajomi-Lázár toma las tres condiciones elementales que señalan los transitólogos para la consolidación de democracias liberales, a saber: la condición institucional; la condición de comportamiento de los actores políticos, que asumen que los valores e instituciones democráticas son legítimas; y la condición actitudinal de los ciudadanos, que también se comprometen con esos valores. A esto, entonces, el autor añade cuatro condiciones más para la libertad de prensa: la condición profesional -luego de decenios en los que los periodistas se comportaron como "soldados del partido"-; la condición empresarial, en la que los propietarios buscan ganar dinero y no establecer una agenda política; la condición económica, en la que al tener una gran cantidad de anunciantes que no sean del Estado, le brinda independencia a los medios con respecto al poder político; y la condición externa, en la que los medios sirven como contrapeso.
El autor se concentra en la colonización partidaria de los medios públicos de comunicación, ya que utilizan fondos de los contribuyentes para sus propios fines, sin transparencia, lo que lo diferencia de los medios que estrictamente responden a los partidos.
El primer caso analizado es el de Hungría, que se desembarazó del socialismo a fines de 1989 y tuvo sus primeras elecciones libres y pluralistas en 1990. A partir de entonces, encontramos una diferenciación entre izquierda y derecha, en la que la primera se presenta como liberal y orientada hacia la economía de mercado, y la otra de carácter nacionalista y estatista, con fuerte acento en la religión. Asimismo, hay representación parlamentaria de la ultraderecha, en tanto que el Partido de los Trabajadores (extrema izquierda) no ha logrado pasar el umbral mínimo de votos para tener escaños. Pero la apertura de los medios comenzó antes, en 1986, en tiempos en que el deshielo de la Perestroika y Glasnost también llegaban a tierras magiares. Este proceso se aceleró en la etapa de transición, con un proceso de auto-privatización de los medios, que a fines de 1991 alcanzó a estar en un 70% en propiedad de inversores extranjeros. No obstante, el primer gobierno electo por las urnas, de signo demócrata-cristiano y conservador, intentó ejercer cierto control sobre los medios, desplazando periodistas independientes y volviendo a nacionalizar algunos medios. A pesar de la orientación favorable al gobierno en la radio y televisión húngara oficial, en 1994 triunfó el Partido Socialista -una buena prueba, una vez más, de que la posesión de los medios de comunicación no necesariamente tuerce a la opinión pública-, que formó una coalición con los liberales. En su etapa inicial, el gobierno de Gyula Horn comenzó su propia colonización de los medios, removiendo periodistas y programas, en tanto que después abandonó esta práctica. Un cambio fundamental que se vivió en los años de la transición, fue que los partidos contrataron a especialistas occidentales en comunicación que introdujeron técnicas de marketing político, con lo que las fuerzas políticas dejaron de intentar manipular los hechos para acomodarlos a una "verdad" oficial y se concentraron en conocer a la opinión pública. Durante el primer gobierno de Viktor Orbán se intentó remover a todos los periodistas no oficialistas, bajo el argumento de que todavía estaba vigente una red comunista. Tras este período, le sucedieron dos gobiernos de coalición de socialistas y liberales, pero Viktor Orbán retornó a la jefatura de Gobierno en 2010, una coalición que alcanza a los dos tercios del parlamento. Con esta aplastante mayoría, reformó las leyes, los boards de los medios de comunicación estatales y de las autoridades en la materia. Es de este modo que el discurso de los medios oficiales está enfocado en la defensa del cristianismo y la concepción tradicional de la familia. Los programas de la Televisión Húngara son provistos por productores vinculados al partido Fidesz, del primer ministro Orbán. A personas próximas al gobierno se le otorgaron licencias de radio, que además reciben importantes pautas publicitarias del gobierno, sus agencias y empresas. En la comparación entre Gyula Horn y Viktor Orbán queda claro, entonces, que en los gobiernos de signo conservador-democristiano no ha reinado el pluralismo en los medios, se volcaron los recursos únicamente hacia aquellos que eran favorables al gobierno y se confrontó con otras corrientes de pensamiento. Es por ello que en los índices de Freedom House, Hungría ha ido cayendo en sus posiciones de libertad de prensa, hasta ser considerado un país "parcialmente libre".
Otro país analizado, Bulgaria, tuvo su primer gobierno post-comunista en 1997 cuando Ivan Kostov, de la Unión de Fuerzas Democráticas, fue electo primer ministro. El Partido Socialista, ex comunista, había gobernado hasta entonces tras desembarazarse de las figuras más cuestionadas. Lo cierto es que durante el gobierno de Kostov hubo desplazamiento de periodistas a los que se identificaba con el Partido Socialista. Pero cabe añadir que en Bulgaria nunca hubo una tradición de periodismo independiente, ya que no tuvo momentos de democracia liberal y su historia está marcada por una sucesión de regímenes autoritarios: el Imperio Otomano durante varios siglos, luego la participación búlgara en las dos guerras mundiales en alianza con Alemania, y luego el dominio soviético. Durante el periodo de gobierno de Simeón II (el ex monarca convertido en primer ministro) se crearon organismos para darle mayor independencia a los medios oficiales, como el Consejo de Medios Electrónicos; no obstante, estos funcionarios son elegidos por simple mayoría parlamentaria, por lo que responden a la fuerza gobernante. Simeón II, acostumbrado a la vida en Europa occidental, aceptaba de buena manera las críticas que se formulaban en los medios a su gobierno, a diferencia de sus antecesores, ni tampoco hizo diferencias entre sus partidarios y los opositores. De este modo, logró reducir las tensiones de la polarización en la sociedad búlgara. Y es que, habiendo sido Rey de Bulgaria antes del golpe de Estado comunista, buscaba actuar como un factor de moderación y unidad imbuido del espíritu de las monarquías parlamentarias europeas aunque ahora actuaba como primer ministro, incluyendo a los socialistas (ex comunistas). Pero un gran problema de Bulgaria, es que la antigua élite comunista -sobre todo los que formaron parte de los organismos de seguridad- se transformó en una red de empresarios de características mafiosas, que trabaja estrechamente con el crimen organizado. De modo que las fuerzas democráticas y la sociedad civil son frágiles para contrarrestar a los viejos círculos.
Otro escenario es el de Polonia, en donde se analizan los períodos de Leszek Miller y Marek Belka (izquierda, 2001-2005) y de Kazimierz Marcinkiewicz y Jarosław Kaczyński (derecha, 2005-2007). Pero la izquierda socialdemócrata polaca, que en gran parte fueron miembros del comunismo, es de carácter europeísta y abierta a la integración y la modernidad. Si bien en los índices internacionales de Freedom House y Reporters Without Borders los dos períodos son de libertad, en el segundo gobierno bajó algunas posiciones. En este país, la presencia de la Iglesia Católica con sus propios medios de comunicación y fuerte influencia en algunos partidos, le dan un fuerte carácter local que lo diferencia de sus vecinos. Para el autor, la Radio Maryja sostiene un discurso nacionalista, tradicional y anti-europeo, y las licencias de radio fueron obtenidas por el lobby ejercido por la Iglesia, asociada a los partidos de derecha. Todos los analistas coinciden, unánimemente, en que la Televisión Polaca está hiperpolitizada y que cada gobierno, de distintos signos políticos, ha instalado a su propia gente en los directorios de los medios públicos. Pero fue en el período de Marcinkiewicz-Kaczyński en el que se apuntó contra los "enemigos": alemanes, rusos, judíos y funcionarios del gobierno anterior, a los que se refirieron como "traidores" al servicio de Moscú y Bruselas... En el caso polaco, por consiguiente, en el período Miller-Belka hubo colonización partidista de los medios oficiales, pero no se estableció una agenda ideológica ni hubo exclusión de la oposición, lo que sí ocurrió en el de Marcinkiewicz-Kaczyński. 
En el ejemplo rumano, la transición a la sociedad abierta fue más lenta por el protagonismo que tuvo la antigua nomenklatura en las posiciones gubernamentales y empresariales después de 1989. Hay un notorio subdesarrollo en la calidad de los medios de comunicación, una fuerte identificación con los partidos existentes y claras rupturas con la ética periodística. El autor subraya que las escuelas de formación periodística carecen del rigor necesario, y que son pocos los que tienen formación universitaria. Si bien se han abierto las puertas a la inversión extranjera en este campo, los medios deben tener presencia local, por lo que su calidad es baja en comparación con la del resto del continente. Asimismo, la prensa gráfica es extremadamente voluble a las presiones directas o indirectas del poder, ya que la publicidad es escasa y depende mayormente de las pautas oficiales, sobre todo en tiempos electorales.
Muy diferente es el escenario en Eslovenia, en donde los medios y los periodistas no están al servicio de partidos y gobiernos. Se destaca el alto grado de profesionalismo y pluralismo en un país estable en sus instituciones y que no tiene conflictos de carácter étnico y religioso. No obstante, también ha habido casos de favoritismo en la venta de publicidad de las agencias y empresas estatales para los diarios próximos al gobierno de turno, en particular durante los dos gobiernos de centro-derecha del ex primer ministro Janez Janša.
Si bien gracias a la incorporación a la Unión Europea se han adoptado leyes y procedimientos democráticos y pluralistas, aún resta un largo camino por recorrer en la aceptación de estas prácticas entre los partidos, líderes políticos y ciudadanos en general. El peso del pretérito reciente se hace sentir, sobre todo en aquellos países en donde las transiciones fueron llevadas adelante por las viejas nomenklaturas -Bulgaria, Rumania-, o en donde persisten los viejos clivajes que dividen a las sociedades desde mucho antes de la segunda o, incluso, primera guerra mundial.

Péter Bajomi-Lázár, Party Colonisation of the Media in Central and Eastern Europe. New York, Central European University Press, 2014.

No hay comentarios:

Publicar un comentario