domingo, 17 de octubre de 2010

"Mussolini" de R. J. B. Bosworth.

La biografía que escribió el historiador australiano Richard J. B. Bosworth sobre Benito Mussolini ratificó la idea principal que siempre tuve del dictador italiano: que fue un gran fanfarrón. Esa impresión que me viene acompañando desde hace años, nació de las escenas filmadas del dictador italiano, con su gesto soberbio, claramente estudiado para intentar transmitir una imagen de –falsa- seguridad.
Con el correr de las páginas, Bosworth va recreando la vida de este personaje que se empeñó más en crear una imagen de sí mismo que en cultivar su intelecto, a pesar de que presumía de “intelectual”. Fue un hombre de lecturas salteadas, probablemente superficiales y sin formación sistemática. Quizás tomaba aquello que le resultaba útil y lo reinterpretaba a su modo tan particular. Como ocurre siempre con los dictadores, simulan que lo conocen todo y pueden opinar sobre todo. Su propio ego les impide reconocer que el conocimiento humano es limitado, falible, endeble y en las más de las veces, conjetural. Pero los hombres autoritarios no están dispuestos a admitir estas características propias de la especie humana, puesto que probablemente se sientan muy por encima del resto de los mortales, y por ello no guardan silencio. Así, Mussolini opinaba sobre política internacional y local, sobre filosofía, historia, economía y estrategia. Pretendía que sus palabras se transformaran en realidad y por ello intentó –en vano- crear un imperio italiano en África y a costa de sus vecinos en el Mediterráneo.
Esa ausencia de sistematización de su formación y pensamiento se plasmó en lo nebuloso que fue siempre el fascismo, tan difícil de definir. Sus aventuras militares fueron fracasos. Su “imperio” duró pocos años en el África, cuando Etiopía recuperó su independencia y el emperador Haile Selassie volvió a su trono. Italia, tras la segunda conflagración mundial, perdió sus posesiones coloniales en el cuerno del África, en Libia, en Grecia y su presencia en Albania.
Es muy probable que el paso de Mussolini por las filas del Partido Socialista haya sido circunstancial, dada la participación de su padre en dicha fuerza política. Porque, más allá de sus proclamadas lecturas de Marx, quizás no haya entendido mucho sobre el marxismo. Y, sin embargo, fue el director del periódico Avanti! por un tiempo, hasta que dio su apoyo público a la participación italiana en la primera guerra mundial. Los interesados en sumar su pluma al servicio de la causa de la guerra, no dudaron en apoyarlo financieramente.
Después de la "gran guerra", Mussolini se lanzó a ser candidato y fue conformando su partido fascista. Ya la misma palabra "fascio" llama a la unidad, pero no define de qué se trata. ¿Un recurso deliberado? Por mi parte, creo que Mussolini y los fascistas nunca lograron ponerse de acuerdo en un núcleo de ideas centrales de su partido, porque eran nulidades y no por una estrategia política para sumar adeptos a una causa difusa de contenido antiliberal y antisocialista. No obstante, creo que este carácter nebuloso del fascismo fue lo que le impidió un desarrollo totalitario, aun cuando Mussolini utilizó este vocablo para definirse. Y es que el fascismo nunca tuvo una idea de la historia de la humanidad, como si lo tuvieron el marxismo y el nacionalsocialismo. El comunismo y el nazismo tienen una idea lineal de la historia humana, con un principio, desarrollo y un final idílico; el fascismo carece de este elemento. Afortunadamente, ya que estas visiones de la historia humana intentaron "legitimar" sus genocidios.
Mussolini se volvió racista y antijudío cuando estableció su alianza con la Alemania nazi y, aún así, su legislación casi no se cumplía. A pesar de sus proclamas belicistas e imperiales, no logró contagiar del espíritu militar a los italianos. El dato que señala Bosworth de que el ministerio de Guerra respetaba el horario de la siesta en 1940, es un ejemplo de ello. El fascismo, pues, fue una doctrina superficial en la vida de los italianos.
Llegó al poder y se mantuvo en él por la impericia de sus rivales, por la negligencia de quienes podrían haberlo detenido y el agotamiento de la clase política, incapaz de modernizar a la Italia de entreguerras.
Dos relaciones personales de Mussolini me han llamado la atención. La primera, con Adolf Hitler. Mussolini conocía el idioma alemán, pero muchas veces no comprendía una sola palabra de lo que le decía Hitler en sus encuentros. A pesar de la importancia de estas reuniones, Mussolini simulaba comprender las palabras de Hitler, quien terminaba monologando e imponiendo sus decisiones al dictador italiano.
La segunda, la relación con su yerno Galeazzo Ciano, quien fue su ministro de relaciones exteriores. El autor establece algunos contrapuntos entre ambos personajes que resultan interesantes. Ciano se sentía a gusto en el club de golf, pero tuvo un poco de sentido común en medio de esa vorágine de la Italia en guerra. De hecho, cuando ya las fuerzas aliadas se encontraban en suelo italiano, se atrevió a votar por la deposición de su suegro en el consejo fascista. Esto le costó la vida pocos meses después.
Recomiendo la lectura de este libro, acompañándola luego de los más recientes trabajos de Emilio Gentile y el más abarcativo de Stanley Payne.
Mussolini intuyó la importancia de la imagen del líder en la sociedad moderna y trabajó incansablemente en torno a la creación del propio mito. Terminó prisionero y víctima de su imagen. Detrás de esa fachada, no hubo nada. Una tragedia que costó un millón de vidas.

R. J. B. Bosworth, Mussolini. Barcelona, Península, 2003.

4 comentarios:

  1. Excelente reseña!!!!!!!!!!!!! Y un gran servicio!!!!!!!!!! Gracias Ricardo.

    ResponderEliminar
  2. ¡Muy bueno! Comenzó bien el blog, se podría hacer un blog satélite denominado "libros que queremos manguearle a Ricardo".

    Muy sabios los italianos por no tomarse demasiado en serio a ese astuto monigote.

    ResponderEliminar
  3. Muy buena entrada Ricardo. El problema es q hay muchas personas en italia q creen q el fascismo fue algo bueno y que tienen que volver a estos "niveles de vida" (que la verdad no se que tienen de bueno).
    Como en alemania todavia existen "partidos" pro nazi, el problema de italia, y de los italianos, es que creemos que Mussolini expulsò a los inmigrantes, pero el no hizo nada de esto por sus convicciones, lo hizo porque apoyaba Hitler, pero la gente no sabe todas estas cosas.
    Y como decimos en italia " cada pueblo tiene su governante" y en ese periodo historico Italia no estaba preparada para un gobierno "normal" y por desgracia nos tocò un dictador que no tenia ni siquiera los "huevos" para tomar las decisiones con su cabeza.

    ResponderEliminar
  4. He suprimido un comentario que hacía una defensa de Mussolini. Quien quiera hacerlo, que lo haga en su blog. Este no es un sitio para apologistas de dictaduras y matones.

    ResponderEliminar