jueves, 9 de diciembre de 2010

"Breve historia del sionismo", de Joan B. Culla

Joan Baptiste Culla es un catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona que ha escrito la Breve historia del sionismo, un tema tan polémico y vapuleado por los panfletistas vocingleros que poco y nada se adentran en los vericuetos de la historia. Este es un libro de historia, escrito por un académico y con rigor documental, que comienza a esbozar el proto sionismo del siglo XIX, pasando por la figura emblemática de Theodor Herzl y su Organización Sionista, arribando finalmente a la difícil etapa de los judíos palestinos que levantaron el Estado de Israel en 1948.
En este libro –claro y sumamente didáctico- el autor describe los distintos momentos que recorrió el sionismo hasta lograr su objetivo final, que era la creación de un Estado nacional para los judíos, víctimas de los pogromos en la Rusia zarista, así como del creciente antijudaísmo en la Europa occidental, del cual el affaire Dreyfus fue la señal más notoria. En este sentido, el sionismo se inscribe en las corrientes europeas decimonónicas, que anhelaban el resurgimiento de unidades nacionales en base a la identidad cultural, lingüística y un pasado histórico común.
Ahora bien, la entidad geográfica conocida como Palestina formaba parte del Imperio Otomano, una estructura multinacional centrada en el Sultán de Estambul. Este imperio languidecía lentamente y varios de sus componentes fueron logrando la emancipación a lo largo del siglo XIX: Grecia, Bulgaria, Serbia, Montenegro y Rumania, así como otros fueron ocupados por las potencias coloniales europeas, particularmente Gran Bretaña y Francia, también codiciadas por Austria-Hungría (que estableció su protectorado en Bosnia-Herzegovina) y el Imperio Ruso, deseoso que conquistar Constantinopla. Los británicos sintieron simpatía por la causa sionista y ofrecieron a la Organización Sionista un sitio provisional en África oriental, lo que fue descartado.
El gran cambio se dio durante la primera guerra mundial, en el que los sionistas buscaron la simpatía británica –fruto de la cual nació la Declaración Balfour- y de la alemana. Y es que los judíos europeos y americanos sentían fidelidad genuina por los países en los que habían nacido y eran ciudadanos, por lo que combatieron lealmente tanto por Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y la Alemania imperial.
¿Qué era Palestina, dónde se hallaban sus límites? ¿Formaba parte de las promesas británicas a Hussein para erigir un reino árabe independiente? Nada estaba claro tras la derrota otomana en la guerra. Los árabes palestinos se negaron permanentemente a aceptar la llegada de nuevos residentes judíos, en tanto que muchos de los recién llegados no se habituaban al rigor del clima y la pobreza del lugar, por lo que luego viajaban a horizontes más prósperos. El liderazgo del movimiento sionista se fue desplazando, cada vez más, hacia Palestina bajo la figura de David Ben Gurión. El sionismo, pues, se entretejió con el socialismo en la etapa de entreguerras, aun cuando no era aceptado por los inmigrantes procedentes de Alemania y Europa central. El ascenso de Hitler a la cancillería alemana en 1933 puso en aprietos al sionismo: por un lado, reclamaban la independencia y la salida de los británicos de suelo palestino, pero, por el otro, el Reino Unido era un bastión democrático frente a la amenaza nazi. Los británicos, por su lado, debían mantener una política de extrema cautela hacia el mundo árabe y musulmán, ya que no querían que se volcara hacia la Alemania nazi. Los sucesivos gobiernos del Reino Unido se hallaron en una situación extremadamente compleja en la India, en donde tanto hindúes como musulmanes reclamaban mayores cuotas de independencia, a la par que sentían simpatía por los judíos en Palestina.
Joan Culla explica claramente las divisiones dentro del sionismo durante los años de la segunda guerra mundial, así como la formación de milicias de los judíos palestinos contra la ocupación británica: desde aquellos que contribuyeron en los ejércitos aliados contra los alemanes, hasta los que buscaron una alianza disparatada con Hitler, como fue el caso de Abraham Stern… Joan Culla no vacila en calificar como terroristas los atentados del Irgun o el Lehi, de los cuales el más tristemente famoso fue el perpetrado en el hotel King David, con 79 muertos.
Asimismo, Joan Culla señala una y otra vez los errores cometidos por la dirigencia árabe palestina durante y después de la segunda guerra mundial. Es bien conocido que el muftí Haj Amin Al-Husseini simpatizó, colaboró y hasta estuvo exiliado por la Alemania nazi, y luego se instaló en Egipto, desde donde puso obstáculos a toda partición del territorio palestino. Fue la tozudez de los árabes palestinos, que querían el 100% de la región, la que impidió las negociaciones. El autor repasa con precisión las divisiones irreconciliables dentro del campo árabe palestino, así como su falta de preparación política y cultural. Y es que la dirigencia árabe seguía pensando en términos de clanes, en tanto los judíos tenían una formación calificada de neto origen occidental. También contribuyeron al fracaso árabe las ambiciones de cada uno de los países que rodeaban al futuro Estado de Israel. Creo que en el libro se explica con justeza cómo se produjo la emigración de árabes palestinos, en parte ocasionada por el avance israelí sobre los poblados, y en mayor grado por instigación de la propia dirigencia árabe.
El libro concluye con el éxito de los israelíes en su guerra de Independencia. Resalta la activa colaboración de la Unión Soviética y Checoslovaquia –con apoyo diplomático y armas-, el respaldo del presidente Harry Truman –a pesar de la tendencia pro árabe de las Fuerzas Armadas y del Departamento de Estado- y de la negativa británica en su retirada, tan opuesta a la simpatía que inicialmente le tuvieron los gobiernos antes de la conflagración mundial.
En el epílogo, Culla llama al post-sionismo como una superación de la ideología inicial, lo que se logrará cuando pueda haber convivencia en el Medio Oriente y con la creación de un estado árabe palestino en el que rija la democracia, el pluralismo y la libertad. Considera –y comparto- que el rechazo del sionismo significa repudiar la idea fundacional que dio origen al Estado de Israel, con lo que se busca deslegitimar el derecho a la existencia de esta nación que merece seguir prosperando en un ambiente de amistad y cooperación con el mundo árabe.

Joan B. Culla, Breve historia del sionismo. Madrid, Alianza, 2009 (2da. edición). ISBN 978-84-206-8258-7

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