viernes, 25 de marzo de 2016

"Reconfiguring the Silk Road", de Victor H. Mair et al.

Con la contribución de la arqueología y los estudios lingüísticos, se abren nuevos horizontes en el estudio de la "ruta de la seda" o, como señalan varios autores, las rutas de la seda, en plural. Así bautizada por el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen hacia fines del siglo XIX, se la concibió durante decenios como un camino comercial que unía a Roma con la China de la dinastía Han. 
No obstante, los estudios han ido demostrando que esta vía ya existía mucho antes del comercio de la seda, hacia fines del segundo milenio y principios del primer milenio aC. Asimismo, no es una ruta sino un complejo entramado de varias rutas que se articulaban en el intercambio de bienes, personas, ideas, concepciones religiosas, símbolos.
La investigación arqueológica en la región del Xinjiang arroja nuevas luces sobre Asia Central y sus particularidades religiosas y políticas, así como las contribuciones que en esta vasta región se han hecho al desarrollo de las civilizaciones. En tiempos pretéritos, las lenguas indoeuropeas circularon de Occidente hacia Oriente; siglos más tarde, el camino fue inverso. Allí vivieron pueblos que sirvieron como nexos entre mundos, como los sogdianos, que actuaron como puentes intermediarios de culturas diferentes. No existía un viajero que fuera desde Europa hasta el Lejano Oriente, ida y vuelta, sino que se realizaban tramos cortos en los que se iban intercambiando a lo largo de los caminos.
Lejos de la idea romántica que atrajo a tantos europeos, este sistema de rutas permitía vincular a reinos e imperios, religiones y filosofías a través de intercambios de alto valor simbólico que prestigiaban a las dinastías involucradas.

Victor H. Mair, Jane Hickman et al., Reconfiguring the Silk Road: New Research on East-West Exchange in Antiquity. Philadelphia, University of Pennsylvania Museum of Archaeology and Anthropology, 2014.

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