martes, 13 de septiembre de 2011

"El mapa y el territorio", de Michel Houellebecq.

Terminé de leer El mapa y el territorio, la última novela de Michel Houellebecq que fue galardonada con el Premio Goncourt. Debo adelantar que es la primera obra que leo del autor.
Aún no puedo afirmar si la novela me gustó o no. En algunos tramos me parece un texto muy bien logrado, con reflexiones interesantes y que me resultan atinadas. En otras partes, tuve la intención de arrojar el libro por el profundo desagrado que me despertó. Imagino que esta es la intención de Houellebecq: provocar, llevar a los extremos, no dejar tranquilo al lector.
Me gusta que un autor despierta, que mantenga alerta, que llame a la reflexión. Pero de ahí a utilizar imágenes desagradables para retratar la fragilidad de la existencia humana, creo que se exagera.
Recurre a una herramienta que me parece egocéntrica sin sentido: el mismo Michel Houellebecq es uno de los personajes de la trama, y no es uno menor. No me parece, porque se pierde la riqueza de la creación y es una vitrina de mal gusto. Esta es mi opinión.
Poco y nada podemos conocer de las tribulaciones del protagonista, Jed Martin; ignoramos sus sueños profundos, sus dudas, sus mutaciones. Apenas podemos atisbar algo a través de la relación con su padre y, paradojalmente, se llega a conocer más del progenitor que del hijo.
En su intento de crítica al capitalismo -¿hay crítica o admiración por sus logros tecnológicos?- se recurre hasta el hastío a la enumeración de marcas de cámaras fotográficas y automóviles. Una enumeración tediosa e innecesaria.
Hay algunas reflexiones interesantes, como las de la muerte en la sociedad contemporánea -y de cómo se quiere evitar su realidad-, pero esta, inevitablemente, nos golpea.
Es un libro sobre la soledad, la muerte y lo impermanente.
¿Lo regalaría? Creo que no. Lo volveré a leer en unos años, cuando yo sea otro yo.

Michel Houellebecq, El mapa y el territorio. Barcelona, Anagrama, 2011. ISBN 978-84-339-7568-3

2 comentarios:

  1. Querido Ricardo: empezaste por el –"que espero no sea el"– final de la obra de Houellebecq. En cierta medida este autor llegó a un punto en el que no se puede entender su presente literario sin sus originales orígenes. Tres libros suyos deberías leer para entender éste. Te van a ayudar a ver, con otros ojos, más comprensivos, la críptica intención –que intuyo pascaliana– de El mapa y el territorio.
    En fin, que me asombró tu comentario final, ya que tu intuición acierta en la diana: es necesario que seas otro vos. Tal vez no haya mejor receta para lograrlo que más Houellebecq: Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales y –con reservas– La posibilidad de una isla.
    Y si podés adelantarte a éstos con su ensayo biográfico H. P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida, tanto mejor.

    Te mando un fuerte abrazo, y sigo echando un ojo admirado a esta lista de tus lecturas.

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