domingo, 2 de marzo de 2014

"A Just Zionism", de Chaim Gans.

Probablemente el sionismo sea uno de los movimientos políticos más demonizados y vilipendiados desde principios del siglo XX y se ha puesto de moda -y como toda moda, caprichosa- criticarlo sin conocimientos. En este imperio de la doxa, nutrido por slogans y banners inapelables en su superficialidad, se impone la necesidad de comprender por qué y cómo surgió el sionismo, y cómo fundamenta la existencia del Estado de Israel.
Chaim Gans, profesor en la Universidad de Tel Aviv, explora con inteligencia la historia, las posibilidades y las debilidades del sionismo, quizás con excesiva autocrítica. 
Desde el inicio, Gans ubica al sionismo dentro de los nacionalismos etnoculturales, sosteniendo con buena argumentación que éste es compatible con los principios de la democracia liberal y que, lentamente, en Israel va surgiendo un nacionalismo cívico como el que vemos en los países occidentales. En el nacionalismo etnocultural, las personas tienen interés en adherir a su cultura y en transmitirla a las generaciones posteriores, y para ello justifica que la sostenga el Estado. Y en este sentido nos recuerda que hay otros nacionalismos etnoculturales, como el de los checos, que se desarrolló antes de que tuvieran un Estado independiente. Gans sostiene que siendo la cultura un componente importante de la identidad para el individuo, no se puede presuponer que todo nacionalismo etnocultural sea necesariamente autoritario y colectivista. A su criterio, este tipo de nacionalismo es moralmente aceptable si cumple con dos requisitos: el primero, que se acepte el mismo concepto para otras naciones; y el segundo es que debe fundarse en el interés de los individuos que viven en esa cultura.
El autor defiende el derecho histórico de los judíos para establecer el Estado de Israel en el Cercano Oriente y, a la vez, nos recuerda que el sionismo fue una solución que fue ganando adeptos debido a las persecuciones y la Shoá en Europa. No obstante, sostiene que siendo los europeos los principales responsables del genocidio -por acción u omisión-, deberían haber contribuido económicamente a la creación de los dos estados en Palestina: el judío y el árabe. A Gans le preocupa genuinamente la emigración de árabes de Palestina durante la guerra de independencia de 1948, pero aquí encuentro se torna excesivamente duro con Israel, ya que no menciona que el líder árabe Amin al Husseini, gran Muftí de Jerusalem, fue un abierto partidario del nazismo durante la segunda guerra mundial. Asimismo omite que los otros líderes árabes emigraron rápidamente a Damasco, por lo que los habitantes se resignaron a seguir ese ejemplo. Los israelíes no se negaron a debatir la situación de los emigrados, con la condición de que se reconociera al Estado de Israel, un principio que los gobiernos árabes se negaron sistemáticamente a aceptar hasta el acuerdo de Camp David.
Plantea la siguiente comparación: si un hombre está enfermo y es pobre, le reconoce el derecho a robar un medicamento en una farmacia para curarse. En el caso de los judíos que huían del genocidio, entraron a la farmacia pero, además, tomaron posesión de ella. Y aquí yo señalo: de esa farmacia fueron propietarios y les fue robada generaciones atrás.
Chaim Gans es partidario de crear dos Estados y que, en Israel, debe preservarse una hegemonía demográfica judía, siguiendo el criterio cultural, un argumento que considero justo. Con mucha inteligencia desarma el discurso que equipara al sionismo con el racismo, aportando explicaciones muy precisas sobre la legislación sobre inmigración.
El autor no puede satisfacer a todas las posiciones: plantea sus ideas, señala los desafíos y presenta los dilemas éticos a los que debe afrontarse para alcanzar la convivencia entre israelíes y árabes en esa convulsionada región.

Chaim Gans, A Just Zionism: On the Morality of the Jewish State. Oxford University Press, 2008.

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