viernes, 20 de abril de 2012

"El islamismo y el judeocristianismo", de Jacques Ellul.

El último de los libros escritos por el historiador y teólogo Jacques Ellul, El islamismo y el judeocristianismo es una obra que nos arroja a pensar en la relación que hay entre estas tres religiones monoteístas, que tanta polémica, incomprensión y conflictos provoca.
Ellul señala, en breves páginas, lo que él denomina irónicamente los "tres pilares del conformismo", que desmenuza con erudición e inteligencia. Se refiere a los tres aspectos que pueden confundir al occidental en su aproximación al Islam, a saber: que las tres religiones son tributarias de Abraham, son monoteístas y del Libro.
Tengamos presente que el profeta Muhammad -Mahoma- tuvo contacto con cristianos monofisitas y nestorianos, que no tenían la misma concepción de la naturaleza de Jesús, entre tantas otras cuestiones teológicas fundamentales, que el resto de la cristiandad de la época. Es de esas fuentes que abreva el Islam en sus inicios, por lo que si bien hay referencias a Adán, Abraham, Moisés, María y Jesús que pueden despertar la creencia de que se está hablando en los mismos términos que en el judaísmo y el cristianismo. Sin embargo no es así, ya que para los musulmanes Adán, Abrahám, Moisés y Jesús fueron profetas del Islam pero sus enseñanzas fueron tergiversadas. Es por ello que, si bien reconocen a la Biblia, no la utilizan, ya que consideran que su contenido fue deformado por judíos y cristianos. Asimismo, estos profetas no son tomados en su contexto histórico. A Abraham -Ibrahim para el Islam- se lo encuentra estableciendo la peregrinación a la Kaaba en La Meca -Makka-, lo que choca frontalmente con la historia bíblica.
El otro aspecto analizado por Jacques Ellul es la concepción del monoteísmo que -señala acertadamente-, puede parecer un punto en común, más entre judíos y musulmanes que con los cristianos, ya que la idea de la Trinidad resulta difícil de comprender aún para sus mismos creyentes. En primer término, señala el autor, a la Trinidad la componen tres maneras de ser de Dios, y no tres personas. Por otro lado, remarca que para los musulmanes María es uno de los tres miembros de la Trinidad, quitando al Espíritu Santo, con lo que la confusión es mayor. Pero, ante todo, Ellul explica la diferencia esencial de la relación del Dios bíblico judeocristiano que el Dios coránico: el primero establece una relación con el hombre, en tanto el de la concepción islámica es distante e inaccesible: no es un Dios que sea Padre ni tampoco "histórico".
Finalmente, la tercera diferencia es la idea de las "religiones del Libro". Bien afirma que no es ni la primera ni la última religión que se basa en un texto: Mein Kampf de Hitler y el Libro Rojo de Mao Zedong fueron, a su manera, libros religiosos. Asimismo, ¿cuál es el valor de esos textos, sea la Biblia o el Corán? La Biblia -judía y cristiana- está compuesta por textos inspirados, a la vez que el Corán es un libro dictado y, por consiguiente, no susceptible de interpretación. Esta diferencia -esencial y abismal- conduce a la inflexibilidad de la enseñanza islámica.
El libro cierra con el prólogo que Jacques Ellul escribió para un estudio de Bat Ye'or sobre los dhimmi en las sociedades islámicas. Los dhimmi, "protegidos", eran y son las minorías no musulmanas en países islámicos. Que si bien su situación es incuestionablemente mejor que la vida de los judíos en la Europa cristiana medieval, pero que no deja de ser la condición de un siervo al que se le han concedido derechos y, en consecuencia, también pueden ser revocados. Ellul advierte que muchos intelectuales europeos, en particular los franceses, tenían una actitud de benevolencia hacia el Islam debido al complejo de culpa por la guerra de Argelia, lo que los llevaba a enceguecerse con las virtudes de los pueblos musulmanes. En esto, por cierto, hay matices. El Occidente debe buena parte de su acervo cultural a la influencia árabe, que supo conservar muchos textos filosóficos de la antigüedad, así como fue puente para una gran cantidad de conocimientos científicos provenientes del resto de Asia. Bien, pero debe parte, no el todo. También es claro e indiscutible que la vida de las minorías judías y cristianas en Al Andalus era incomparablemente mejor que en la Europa cristiana, pero no fue así en el vasto Imperio Otomano, para citar un ejemplo más reciente.
Una observación que cabe hacer es que Ellul toma al Islam como una concepción monolítica, sin prestar atención a sus diferentes corrientes y variantes. Así como es un error severo tomar al cristianismo como si fuese uno solo -cuando hay una gran variedad de denominaciones-, lo mismo ocurre con el Islam.
Pero más allá de lo que acabo de señalar precedentemente, el libro de Ellul no peca de ingenuidad y llama al estudio serio del Islam y su historia, de sus creencias y en no caer en las supuestas similitudes que pueden esconderse en aparentes coincidencias de lenguaje. Un libro académico que no es un panfleto, en estos tiempos de maniqueísmos que encienden pasiones, hogueras, guerras y persecuciones; para ser leído y analizado con mente abierta y honesta.

Jacques Ellul, El islamismo y el judeocristianismo. Madrid, Katz, 2008. ISBN 978-84-96859-22-7

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