Mostrando entradas con la etiqueta Milan Kundera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Milan Kundera. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de enero de 2021

"La ignorancia", de Milan Kundera

Ubicada la novela en la Checoslovaquia de la transición, en algún momento del principio de los años noventa, Milan Kundera relata el retorno de dos emigrados que escaparon en 1968. Irena, que huyó con su marido a Francia, y Josef, que escapó a Dinamarca. 

Cada uno por su lado, retorna a un pasado al que se habían aferrado, al que habían reconstruido en sus frágiles memorias humanas, en tanto que quienes se quedaron no intentaban descubrir los itinerarios vitales de los emigrados. Era un regreso a un lugar conocido, a una lengua con la que se reencontraban, pero al mismo tiempo era un abandono de las vidas que habían trazado en otras latitudes. 

Los pretéritos de Josef e Irena estaban entrelazados, momento significativo y singular para uno, completamente olvidado por el otro. Los hilos se entremezclan, las búsquedas de sentido se solapan, la necesidad de hallar un significado a todo lo pasado también sacude a quienes no emigraron. Y así, quienes permanecieron en Checoslovaquia tras la invasión soviética de 1968 ignoran cómo fue la existencia de los emigrados y se produce un silencio incómodo, sin preguntas, sin respuestas.

Novela de búsqueda existencial, de interrogatorios y de situaciones cotidianas, de vidas comunes en una Europa que buscaba entender el porqué de tanta tragedia.


Milan Kundera, La ignorancia. Buenos Aires, Tusquets, 2006.

viernes, 8 de abril de 2016

"La fiesta de la insignificancia", de Milan Kundera.

Libro breve pero no por ello superficial, en La fiesta de la insignificancia el autor presenta a los protagonistas en sus contornos, sin adentrarse demasiado en sus itinerarios vitales. Como si lo urgiera la premura, como si el tiempo fuera escaso para arrojarnos a lo medular de la novela, que es centrarse en la insignificancia. La existencia como una sucesión de insignificancias, no sólo en su sentido de menudencias sin grandeza, de rutinas olvidables, sino de carencia de significado. Los protagonistas se debaten tras algunas máscaras más o menos identificables -los galanes venidos a menos, el actor que ya no tiene público e interpreta, en tanto falso pakistaní, un rol al que nadie le presta atención en los cocktails-, ya en la segunda mitad de la vida. Alain se interroga por su madre, a quien vio por última vez brevemente cuando tenía diez años. o D'Ardelo se inventa un cáncer que no tiene, únicamente por estilo lúdico, sin ánimo de generar lástima, sino por el simple hecho de mentir. La historia de Mijail Kalinin y su incontinencia urinaria, que Stalin utilizaba para martirizarlo en prolongadas reuniones del Politburó, ilustra acabadamente el elogio de la insignificancia: por pura arbitrariedad, conjeturan los personajes, Stalin bautizó a la antigua Königsberg como Kaliningrado, para retribuir a Kalinin en su esfuerzo por contener la orina en aquellas sesiones del comité. No por grandeza ni por entrega revolucionaria, sino por su denodado esfuerzo por mantenerse en silencio, esforzando por no liberar el contenido líquido que pugnaba por salir.
Y es así, subraya Kundera, que la insignificancia triunfa y por ello Kaliningrado, a pesar de los cambios políticos, sigue llevando ese nombre. Es la victoria de aquello que es una minucia, olvidable, sin el menor rastro de gesta del espíritu humano.
Como todas las novelas de Kundera, es una invitación a la reflexión a partir de episodios cotidianos, que juega entre lo absurdo y lo aburrido, en una interpelación al sentido del humor y, ante todo, a la capacidad de reírnos de nuestras existencias profanas.

Milan Kundera, La fiesta de la insignificancia. Buenos Aires, Tusquets, 2014.

viernes, 18 de marzo de 2016

"La broma", de Milan Kundera.

Cuando se produjo la revolución comunista en Checoslovaquia en 1948, el joven Ludvik Jahn era uno de sus entusiastas partidarios. Dirigente juvenil y universitario, propagandista convencido, buscaba conquistar a la ingenua Marketa. No tuvo peor ocurrencia que escribirle una postal en la que se burlaba del optimismo, concluyendo la misiva con un "¡Viva Trotski!". Esa broma, la broma, es el inicio de la pesadilla vital de Ludvik Jahn, la ficción que magistralmente narra Milan Kundera en esta novela. 
Expulsado del Partido Comunista y de la Universidad, enviado a trabajar en las minas de Ostrava durante varios años para "redimirse" de su "trotskismo", Ludvik Jahn vive mascullando el rencor por la vida extraviada por una broma en tiempos en los que no había el menor espacio para el humor. Allí sobrevive en un ambiente embrutecedor, militarizado, un paria sospechado que no logra escapar del rencor que lo alimenta. Herido, hiere a su entorno, lastima a la mujer que se le aproxima a pesar de su existencia semiesclava. Crece en edad, acumula años, pero no logra evadirse de ese pasado al que anhela corregir.
Planea, pues, una venganza contra el camarada Pavel Zemanek para humillarlo, ya que no lo defendió cuando pudo hacerlo ante el resto del Partido. Y el escenario será su antiguo pueblo natal en Moravia, en donde tropieza con figuras de su pasado a las que, de un modo u otro, también lastimó. 
Jahn está absorto en su propio itinerario perdido, busca tontamente enmendar aquel episodio que lo llevó a una perdición absurda, con años de maltrato en las minas. Y es por ello que no logra leer los cambios que lo rodean, ni las consecuencias de sus propias acciones. Al buscar venganza, inspirado por un rencor que lo mantiene alerta, no advierte que se hace más y más daño a sí mismo, hasta que se da cuenta en una situación límite.
Obra de gran contenido de reflexión existencial, esta novela de Kundera -como tantas otras- se adentra en los pliegues más recónditos de la dimensión humana, exhibiendo la falibilidad y lo fragmentario del conocimiento que tenemos de cuanto nos rodea. Cada personaje se habla a sí mismo, apenas sin oír a los otros, en densos monólogos que no se articulan en conversaciones. Son vidas separadas por abismos de silencios, de dolores, que apenas se hablan con murmullos con disimulos. Con apenas 37 años, se siente abatido cuando advierte que sus planes de venganza son absurdos, comprendiendo la desesperada búsqueda de una reparación a la injusticia sufrida que nunca habría de llegar.
Una novela de profundo contenido humano más allá de las peripecias políticas que le sirven de escenario, que invita al lector a reiteradas y provechosas lecturas.

Milan Kundera, La broma. Buenos Aires, Tusquets, 2013.