martes, 28 de enero de 2014

"El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad.

Adentrándose en la espesura de lo desconocido y primigenio, Marlow navega hacia el interior del Congo para encontrarse con el señor Kurtz, un enigmático y eficaz proveedor de marfil. Joseph Conrad desmenuza en cada página la "misión civilizadora" que se atribuían los europeos en África, exhibiendo el estado de absoluto abandono al que se entregaban los blancos en aquellas latitudes, rechazando y a la vez sintiéndose fascinados por aquello que iban a conquistar. Los símbolos del progreso yacían olvidados y arrumbados, y la reparación de un barco se transformaba en una epopeya en un mundo entregado a la expoliación para lograr la riqueza inmediata. 
Es sabido que esta novela inspiró personajes y situaciones de la película "Apocalypse now", dirigida por Francis Ford Coppola, ambientada en la guerra de Vietnam. La obra de Conrad se dirige a explorar las tinieblas que habitan en todo ser humano. Kurtz, un hombre formado en Europa, se convierte en un hombre poderoso al que se le atribuían propiedades sobrenaturales y se entrega a rituales homicidas. ¿Qué angustia a Marlow? La posibilidad de que todo hombre pudiera transformarse en un Kurtz. Que en nuestro interior más profundo hay un señor Kurtz.
La novela es un llamado de a la reflexión sobre las vanas pretensiones de superioridad de la aventura colonial, y un recordatorio de que los principios éticos y los hábitos de la cultura pueden ser fácilmente perdidos en la situación límite del poder extremo.

Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas.

miércoles, 15 de enero de 2014

"Viaje a Oriente", de Hermann Hesse.

El protagonista intenta escribir y, a la par, comprender su periplo iniciático a Oriente cuando era miembro del Círculo, una hermandad de la que ignora si sigue existiendo. Supone que es el último miembro con vida de ese grupo que emprendió un viaje a Oriente para cumplir con objetivos generales e individuales. El carácter simbólico de este Oriente que se muestra elusivo en cada página, de donde emana la luz y, por consiguiente, fuente de sabiduría, nos lleva a pensar que no se trata de un simplismo geográfico, sino de la búsqueda de la verdad.
H. H. se empeña en escribir esa historia de la que sólo tiene fragmentos, de la que únicamente puede relatar partes porque está constreñido por su juramento. Sus contemporáneos descreen del Círculo y del periplo, al que algunos procuraron ver como una manifestación de escape místico tras la primera guerra mundial, o bien como una jugada política. H. H. sabe que no fue nada de eso: el Círculo viene desde el fondo de los siglos, con venerables miembros en su extensa historia.
Texto simbólico de atmósfera iniciática, Viaje a Oriente exige un esfuerzo al lector, que debe apartarse de las apariencias de lo cotidiano y la rutina profana para poder adentrarse en estas páginas de búsqueda y hallazgo.

Hermann Hesse, Viaje a Oriente.

martes, 14 de enero de 2014

"Showcasing the Great Experiment", de Michael David-Fox.

La Unión Soviética nació con la pretensión de ser la utopía cumplida: el gobierno del proletariado, una etapa histórica que inexorablemente sobrevendría en el resto del mundo y que, por circunstancias históricas, comenzaba en el gigantesco territorio del otrora Imperio de Rusia. No nacía, entonces, un nuevo país; ni mucho menos era la continuidad de Rusia. Era lo nuevo, una etapa superior en la historia de la humanidad, y debía demostrar sus avances a un Occidente que veían más culto y desarrollado.
Con un gran complejo de inferioridad con respecto a Europa occidental y, en grado diferente, de los Estados Unidos, las autoridades soviéticas se preocuparon por demostrar a través de la diplomacia cultural todo aquello que consideraban un avance que los alejaba del atraso heredado. El punto de comparación no eran las naciones desarrolladas de Occidente, sino el propio pasado zarista cuyos defectos se exageraban, a fin de ensalzar cada paso al socialismo.
El período estudiado por Michael David-Fox es el de entreguerras, tiempo en el que la Unión Soviética se afirmó con el liderazgo implacable de Stalin. El peregrinaje de intelectuales occidentales que visitaban la utopía socialista fue un fenómeno notable, porque muchos de ellos se convirtieron en activos propagandistas de la Unión Soviética, así como reforzaron el culto a la personalidad de Stalin en los años treinta.
La necesidad de demostrar los logros soviéticos ante los intelectuales occidentales partió de la necesidad de salir del aislamiento diplomático, así como de los estragos de la guerra civil y la hambruna de 1921-1923, en la cual se recibió la asistencia humanitaria de la American Relief Association, liderada por Herbert Hoover, años después presidente de los Estados Unidos.
Para contrarrestar la información que en Occidente circulaban los mencheviques y social-revolucionarios exiliados y ganar apoyo en la élite intelectual, se creó en 1925 el VOKS, la Sociedad de Toda la URSS para las Relaciones con el Exterior. VOKS tenía la apariencia de no ser gubernamental, cuando estrictamente todo era estatal en la Unión Soviética. En los primeros años, hasta 1929, Olga Kameneva estuvo a cargo de esta entidad: era hermana de Lev Trotski y esposa de Lev Kamenev. Aunque supo apartarse de ellos para no caer en la redada stalinista en los años veinte, no pudo sustraerse al destino que le tocó a tantos antiguos bolcheviques, siendo ejecutada en 1941. VOKS coordinó la información cultural que se le brindaba a Occidente, en particular a países como Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Estados Unidos. Por un lado, tendió puentes a centros académicos de los sectores nacionalistas alemanes, como el dirigido por el historiador Otto Hoetzsch; por el otro, enviaba información a las "sociedades de amigos de la URSS", en las que participaban profesionales y escritores que creían en la necesidad de reconocer a este nuevo país, aun cuando no compartieran del todo sus políticas, como Albert Einstein y John Maynard Keynes, entre otros. Diferente era el enfoque del alemán Willi Münzenberg, que hacía propaganda entre los sectores sociales que ideológicamente debían tener afinidad con la revolución bolchevique, por lo que tenía una estrategia diferente a la de Kameneva. 
VOKS supo reunir a empleados que no eran miembros del Partido, pero que estaban altamente calificados: por sus conocimientos de idiomas, naturalmente muchos eran judíos, por su inclinación a una educación más cosmopolita y universal. Sus publicaciones en varias lenguas eran enviadas a los países de Occidente, recibiendo libros y revistas académicas que luego eran remitidas a universidades y centros de estudio, previo paso por el tamiz de los censores.
Pero los viajeros o peregrinos conocían la vieja historia de las aldeas Potiomkin (o Potemkin), una versión que databa del siglo XVIII según la cual se preparó una elaborada escenografía para mostrar a la zarina Catalina una prosperidad inexistente en el interior ruso. Los visitantes debían intentar cruzar la barrera del idioma, ayudados por los intérpretes que les asignaba VOKS, así como se ajustaban a los itinerarios establecidos por esta sociedad. De modo que las visitas a los establecimientos penitenciarios estaban cuidadosamente preparadas para exhibir un sistema inexistente, ocultando las verdades del GULAG y del trato a los delincuentes. No obstante, lo que no pudieron esconder fueron las condiciones precarias para recibir a los viajeros, que solían quejarse de las instalaciones paupérrimas en los hoteles. Esta escenografía montada para los visitantes se multiplicó con la hambruna en Ucrania de los años treinta, por lo que debían contrarrestar las noticias difundidas en Occidente.
A la par de VOKS, se estableció la agencia Intourist para atraer visitas que pagaran con moneda fuerte: el objetivo no era la diplomacia cultural, sino acumular divisas, por lo que hubo una inversión en hotelería y servicios a la que no accedía VOKS.
El autor dedica varios capítulos a Sidney y Beatrice Webb y George Bernard Shaw, fabianos británicos que fueron activos propagandistas de la Unión Soviética. Shaw admiraba a Stalin y Mussolini, una conducta que era habitual en los años de entreguerra, siendo otro ejemplo el escritor H. G. Wells. También señala el caso del escritor Romain Rolland, que ayudó a cimentar dentro de la URSS el culto a la personalidad de Stalin. Cuando se iniciaron los planes quinquenales y se enarboló la bandera del anti-fascismo con los llamados "frentes populares", los soviéticos desplegaron un gran esfuerzo de propaganda que atrajo a los intelectuales que rechazaban el ascenso del nazismo en Alemania, a la vez que reforzaban dentro de la URSS la posición de Stalin, llegando a justificar las purgas que puso en marcha a mediados de los años treinta. En palabras de George Bernard Shaw: "Our question is not to kill or not to kill, but how to select the right people to kill". A estas palabras, cabe recordar la fina ironía de Roberto Wilcock en su Sinagoga de los iconoclastas: "Los utopistas no reparan en medios; con tal de hacer feliz al hombre están dispuestos a matarle, torturarle, incinerarle, exiliarle, esterilizarle, descuartizarle, lobotomizarle, electrocutarle, enviarle a la guerra, bombardearle, etcétera: depende del plan. Reconforta pensar que, incluso sin plan, los hombres están y siempre estarán dispuestos a matar, torturar, incinerar, exiliar, esterilizar, descuartizar, bombardear, etcétera". 
Una de las más notables contribuciones de este magnífico libro son las páginas dedicadas al Arplan: Arbeistgemeinschaft zum Studium der Sowjetrussichen Planwirtschaft, una sociedad alemana dedicada al estudio de la planificación centralizada de la economía soviética, en la que participaron nacionalistas y socialistas, y que incluso visitaron la URSS en 1932, poco antes del gobierno nazi. En esta sociedad participaron György Lukacs, Karel Wittfogel, Ernst Jünger, Carl Schmitt, Friedrich Hielscher, con el auspicio de Karl Radek desde el Komintern. Estas aproximaciones de los nacional-bolcheviques y la izquierda nazi con la URSS terminaron con la llegada de Adolf Hitler al poder. 
La propia dinámica totalitaria del stalinismo derivó en la más cruda xenofobia en tiempos de las grandes purgas, diezmando la composición de VOKS y cobrando la vida de Aleksandr Arosiev, director de este organismo. Las conexiones con el exterior se habían vuelto sospechosas y se quemaron libros y publicaciones, pero no en exhibiciones públicas como lo hacía el nazismo alemán. Es la etapa que David-Fox denomina "complejo de superioridad" del stalinismo, en abierta hostilidad con todo lo que fuera extranjero.
El ominoso Pacto Ribbentropp-Molotov significó un duro revés para quienes se consideraban amigos de la URSS en Occidente. La tónica neutra o respetuosa hacia Alemania en la prensa soviética indicaban un nuevo giro de la política exterior, que buscaba la coexistencia con la expansión germana. Fue la invasión de 1941 la que le devolvió a los soviéticos las credenciales de "antifascistas".
Este libro trata, pues, sobre lo que los intelectuales de Occidente querían ver y soñar de cuanto ocurría en el experimento soviético, y de lo que desde Moscú se quería proyectar como una sociedad más avanzada y culta.

Michael David-Fox, Showcasing the Great Experiment: Cultural Diplomacy and Western Visitors to Soviet Union, 1921-1941. New York, Oxford University Press, 2012.

jueves, 26 de diciembre de 2013

"The Christian Rejection of Animal Sacrifice", de Daniel Ullucci.

Durante ocho mil años, en el mundo mediterráneo se practicaron los sacrificios de animales hasta que, en los primeros siglos del cristianismo comenzó a abandonarse. Daniel Ullucci explora en este libro las diferentes posturas de cristianos, filósofos paganos y judíos en torno al sacrificio animal, buscando las claves de ese cambio.
Con rigor y precisión, primero señala que el sacrificio de animales era el modo de honrar y ganarse el favor de los dioses en la antigüedad, así como dejaba claras las jerarquías sociales. El sacrificio se realizaba frente al templo y posteriormente se realizaba un banquete en el que participaba toda la comunidad.
De allí que, cuando los cristianos no fueron parte de estas celebraciones, no sólo se identificaban frente a la comunidad, sino que eran percibidos como elementos peligrosos que desequilibraban el orden cósmico.
Ullucci señala que hubo autores críticos hacia las formas del sacrificio antes del cristianismo, y repasa a Platón, los estoicos y epicúreos. No obstante, acierta en señalar que sus observaciones eran sobre cómo se realizaban o su utilidad, pero no cuestionaban la práctica en sí misma, a diferencia de los pitagóricos y órficos, que eran vegetarianos. Lo mismo precisa en el judaísmo, con ejemplos como Filón de Alejandría o la comunidad de Qumran: criticaban cómo o quién lo hacía, pero no el sacrificio de animales en el templo de Jerusalem.
En los primeros siglos del cristianismo, la postura no fue clara. San Pablo se opuso a que los cristianos participaran en los sacrificios celebrados a dioses inexistentes, una postura que fue acompañada por padres de la Iglesia como Justino e Ireneo de Lyon. Es probable que los primeros cristianos sí participaran de los sacrificios celebrados en el templo de Jerusalem, destruido en el año 70.
El desarrollo teológico cristiano de los siglos posteriores asimiló la muerte de Jesús -y la de los mártires- con el sacrificio, pero esto distaba de ser la concepción que imperaba en la antigüedad. 
A mi juicio, el autor plantea el problema pero no ha logrado responder a la pregunta de porqué los cristianos no hicieron sacrificios de animales, ya que esto no respetaba la tradición del Antiguo Testamento. Ullucci propone una causa histórica: la destrucción del templo de Jerusalem, por lo que no habría una razón religiosa sino un evento humano el que llevó a abandonar esa práctica cruel. 
El último capítulo lo dedica al emperador Juliano II, "el Apóstata", que intentó en vano revivir la religión pagana con criterios muy estrictos. A pesar de sus esfuerzos, no lo logró: el cristianismo había logrado cambiar sustancialmente las costumbres y nadie concurrió a la celebración de sacrificios que intentó en Antioquía. 
Creo que la obra de Ullucci es valiosa, meritoria, pero que hay eslabones que no ha logrado encontrar, o que ya no están disponibles. Deja interrogantes al lector, que son semillas para provocar nuevas lecturas e investigaciones.

Daniel Ullucci, The Christian Rejection of Animal Sacrifice. New York, Oxford University Press, 2012.

domingo, 22 de diciembre de 2013

"Magic in the Roman World: Pagans, Jews, and Christians", de Naomi Janowitz.

El afán por controlar fuerzas sobrenaturales a través de conjuros y ritos es rastreado en las tres religiones del mundo romano durante los tres primeros siglos de nuestra era. La palabra "magia" deriva de los magi, los sacerdotes persas, y de allí se introdujo en nuestro vocabulario. Si bien la connotación era negativa, por tratarse de un enemigo de griegos y romanos, se presumía que los magos persas tenían el conocimiento esotérico para controlar esas fuerzas.
Cristianos, judíos y sacerdotes de la religión clásica grecorromana se acusaban mutuamente de practicar la magia, no porque esta fuera un fraude, sino porque consideraban que era una manipulación de fuerzas demoníacas.
Daimon era el término para referirse a criaturas sobrenaturales que podían actuar a favor o en contra, y a quienes se les aplacaba o se ganaba su apoyo a través de rituales muy precisos. Será el cristianismo el que identifique a los daimones como demonios al servicio de Satán. 
Naomi Janowitz nos señala distintos tipos de magia: los conjuros de sanación, las fórmulas para lograr el amor, e incluso los rituales para alcanzar la deificación. Remarca que judíos y cristianos de estos primeros siglos buscaban -aunque hoy nos parezca extraño en la cosmovisión monoteísta- su conversión en dioses a través de elaborados rituales.
El desarrollo de la alquimia, entonces llamada "arte sagrado", era un conocimiento esotérico que despertaba los recelos de sacerdotes y rabinos, pero que escapaba a sus posibilidades de comprensión. Pone de relieve a la figura de María la Judía, también conocida como María de Alejandría, una notable mujer alquimista de la que se ignora cuándo vivió, aunque se presume que fue en Alejandría y se le atribuye la creación de un procedimiento llamado balneum Mariae: el baño María. La autora señala que muchas prácticas que entonces eran rechazadas por estas religiones, en realidad eran la preservación de conocimientos y rituales anteriores, y nos presenta varios fragmentos bíblicos en apoyo de su conjetura.
El libro es interesante porque nos presenta al mundo antiguo desde una perspectiva que enriquece nuestra visión de aquellos tiempos; el intento de aproximación a lo oculto, lo vedado, a la búsqueda de códigos y prácticas que permitan sobrellevar el sufrimiento y, aún más, alcanzar la inmortalidad.

Naomi Janowitz, Magic in the Roman World: Pagans, Jews and Christians. London, Routledge, 2001.

viernes, 13 de diciembre de 2013

"El lobo estepario", de Hermann Hesse.

Cada línea, párrafo y página de esta obra de Hermann Hesse debe ser leída con detenimiento, sin premura. El autor hilvana en un espeso entramado un fragmento de la vida de Harry Haller, el "lobo estepario", cuando el protagonista descubre una nueva dimensión de su personalidad. 
En la atmósfera tensa y a la vez festiva del período de entreguerras en Alemania, entre la sensación de inevitabilidad de una nueva conflagración y el ritmo del fox trot, el humanista Harry Haller se debate entre las cumbres del arte de Mozart y Goethe y la necesidad del lobo que ansía sangre. Hombre y lobo, ambas criaturas gregarias, no pueden vivir aisladas del entorno. Y Harry Haller conoce a algunos personajes que suponía -o quería suponer- superficiales y disolutos, pero que luego lo sorprenderán en la profundidad de la búsqueda de la esencia humana. 
Como el resto de la obra de Hesse, este libro es de exploración en las honduras de la existencia, un sabor iniciático sin rituales, en donde lo onírico atraviesa lo cotidiano.

Hermann Hesse, El lobo estepario. Madrid, Alianza.

lunes, 11 de noviembre de 2013

"La corrupción de un ángel", de Yukio Mishima.

La corrupción de un ángel es el último libro de la tetralogía El mar de la fertilidad, cuyo hilo unificador es el personaje del juez Shigekuni Honda como testigo. Última obra de Mishima y publicada en forma póstuma -ya que se suicidó en su fallido intento de asonada por la restauración plena del poder imperial-, se advierte que tiene contradicciones en un mismo párrafo o bien un ritmo alborotado, quizás pistas del estado de tensión interior de Mishima en aquellas jornadas previas a su muerte.
Mishima tiene admiración por el mal y la crueldad, no escatima en cincelar a sus personajes con el perfil más perverso y maquinador, que gozan en la desgracia propia y la autodestrucción más degradante. En esta novela, el ya anciano juez Honda decide adoptar como hijo al adolescente Tōru para dejarle su fortuna, además de brindarle educación, inserción en la sociedad y una nueva forma de vida. En el instante de conocerlo, percibió un destello de maldad en este joven. 
Comienza un juego de dos personalidades que avanzan uno sobre el otro, aguardando sus respectivas muertes, mientras Honda resistía acechado por una vejez que le pesaba a diario, y Tōru con un destino de muerte prematura que ignoraba de sus sucesivas transmigraciones. 

Yukio Mishima, La corrupción de un ángel.